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octubre 22, 2009

Página en blanco

Ahora te pienso, pienso en cada una de tus letras....de esas que escapando de la hoja venían a visitarme en tardes de melancolía.
Entonces todo era una fiesta, había baile, música y danza. Mi alma desnuda mirando.

Pero ya no me visitan, nadie lo hace. Un viejo arlequin sonrie desde la poltrona, con ojos extraviados mira sin ver.
Ya la hoja ha perdido el tono, la tinta, el color. Han resbalado las letras de tu poema, han caido al suelo, sobre las losas frías se han esparcido, ya no dicen nada, mudas permanecen.

Ya no me importa, ...por qué habría de importarme un vacio papel?

La luz rosada de la tarde se cuela por la ventana, cae un rayo sobre la página. El viejo arlequin mira ahora, viendo.
Yo recuesto mi cabeza sobre la hoja.....cierro los ojos y la luz rosada me adormece.
Afuera....sobre el pasto....han caido las letras desde la ventana.

Sin rostro

No tienes rostro.....estás asi desdibujado en el viento. Existes sí, pero en algún lugar imaginario del infinito, o no? Quizá estés más cerca de lo que creo, quizás seas sólo un instante del tiempo.

Ya no te busco, antes solía vestirme de esperanza y salía a la calle a buscarte, caminaba por los parques, por esos llenos de niños y entonces creía verte en una de sus sonrisas y a la vez yo sonreía, pero no....no eras tú.

Otras veces me ponía mi sombrero de fe y vestida de blanco-alma, recorría el viejo camino que lleva al cementerio, alli entre tumbas y flores, miraba a ver si te veía, pensaba que podías estar en la flama de una vela, o en el pétalo marchito de una rosa. A ratos me sentaba en un banco solitario y me quitaba el sombrero, entonces era cuando mi pecho exalaba profundo y cansado.

Pero el viento agitaba las hojas de otoño haciendolas caer sobre la falda de mi vestido, ahora de color rojizo-pasión, entonces sobresaltada creía atisbar tu mirada entre ellas, las hojas secas, pero al momento el viento las volvía a soplar con fuerza arrojándolas lejos.

He regresado de buscarte, ahora me siento enfrente del espejo, ya no uso mi sombrero de fe, ni siquiera visto de esperanza, ahora permanezco sin ropa y con frìo.

Cuando entra el sol por la ventana observo el reflejo de un rostro, un rostro de luto, unos ojos de lodo, un cabello de cieno, la mirada perdida en el vacio, y un cuerpo desnudo.

Afuera, en el cementerio, suenan campanadas de misa, sobre una vieja tumba dibuja el polvo una sonrisa, esa que escapó por la ventana cuando no la miraba.

Voz

He despertado ésta mañana y he sentido a mi voz tan callada y apagada.
No tiene deseos de salir a pasear, se ha vestido de pena y asi en la oscuridad de su alcoba, se cobija solitaria.

Qué siente? qué alados pensamientos revolotean sobre ella sin dejarla ser?

Mi voz está sola, hace tiempo que no habla. Cansada tal vez? puede ser...

Entonces todo se cubre de vacio, incluso el silencio del día, la noche apacible y serena, la luna que escapa del lago, el beso que se quedo en los labios y no se dió.

Mi voz está vestida de pena. No tiene sonido ni timbre, ha cerrado la puerta de su alma.

A lo lejos un cuervo grazna y entonces mi voz alza su rostro de duelo y sonrie.